En la ducha el agua corría, siguiendo el compás del repicar de la lluvia en la ventana...
La espuma bajaba por su cuerpo, pasando por la cadera y la rodilla, hasta llegar al desagüe...
Allí se le unió el agua.
Y al agua se le unieron dos lágrimas silenciosas, las dos lágrimas silenciosas de todos los días...
Y mientras, una música de fondo:
En casos así, lo primordial es no olvidarse de respirar.
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