- ¿Yo? - preguntó asombrado -. Bueno, leo, escucho música... y a veces también lloro.
- Sí, yo también lloro - asentí.
- Y tú, ¿qué haces cuando estás triste?
- Ya te lo he dicho, lloro - respondí.
- ¿Aparte de eso? - insistió. ¡Qué bien me conocía!
Permanecí un rato apoyada en la barandilla, mirando la silueta del valle al atardecer en ese día de invierno tardío y primavera temprana, y pensando. Entonces le miré.
- Coso - contesté sonriente.
"Coser" es una metáfora de la vida. Cada puntada que damos es cada hecho que acontece en nuestra vida, y cada camino que seguimos por la tela, cada decisión que tomamos en el rumbo de nuestra existencia. Muchas veces nos equivocamos por pensar en otras cosas, y cuando nos damos cuenta, hemos cosido más de la cuenta o por el sitio que no era el indicado. Si el error es pequeó, simplemente deshaces lo hecho y vuelves a hacerlo bien, para no estropear el cuadro, pero, si el error en grande, ¿qué hacer entonces?
Mi madre hizo una vez un cuadro enorme (unos 1,5mX2m) y, estando a punto de acabarlo, se dio cuenta de que se había saltado una línea entera hacia la mitad del dibujo, por lo que en el final quedaba completamente descuadrado.. Lo deshizo y volvió a empezar.
Claro que en la vida no se pueden deshacer los errores, no se puede volver marcha atrás, pero al igual que mi madre no cosió encima de lo anterior para no estropearlo del todo, tampoco se puede pretender seguir una vida apoyándose en unos cimientos ruinosos. Hay que quitarlos y ponerlos nuevos.
Además, mi madre hizo otra cosa... Guardó todos los hilos que había utilizado la primera vez y, aunque no pudo utilizarlos todos de nuevo, muchos le sirvieron para terminar de coser el que, hoy en día es un cuadro precioso que adorna la cabecera de su cama. De la misma forma deberíamos aprender a guardar los errores... para ser capaces de sacarles provecho en cualquier momento, para aprender de ellos.
Creo que es hora de que la hija aprenda de la madre.
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