sábado, 26 de marzo de 2011

Porque querer es poder, pero para poder hay que esforzarse

El poder... ¿qué es eso del poder? Según la RAE, hay cinco acepciones distintas para este término, las cuales son las siguientes:
  1. Tener expedita la facultad o potencia de hacer algo.
  2. Tener facilidad, tiempo o lugar de hacer algo.
  3. Tener más fuerza que alguien, vencerle luchando cuerpo a cuerpo.
  4. Ser más fuerte que alguien, ser capaz de vencerle.
  5. Ser contingente o posible que suceda algo.
Como véis la mayoría de estas definiciones son bastante parecidas, excepto la última en la que se alude a una posibilidad, mientras que el resto de los significados  hacen referencia claramente a la "capacidad" de hacer algo.
Y esta capacidad, ¿cómo se consigue? Bueno, las capacidades que tiene cada uno dependen de la misma persona, desde luego, pero ¿acaso no tendrá más capacidad aquella que sepa, por ejemplo, tres idiomas respecto a la que sólo conoce su lengua natal? Por lo tanto, para tener esa capacidad hay que aprender, aprender todo lo que se pueda para lograr el poder de hacer algo.
Pero... para hacer algo, primero habrá que tener la voluntad de hacerlo, ¿no? Es decir, si tuvieras esa capacidad de conseguir lo que quisieras, por ejemplo, estudiar medicina, pero en realidad no quieres hacerlo porque simplemente no te gusta esa carrera... ¿Cómo vas a conseguirlo? Cada regla tiene su excepción, desde luego, pero está claro que si haces algo que no quieres, no obtienes el mismo resultado que si quisieras hacerlo.
¿Y si nos pusiéramos en el caso contrario? ¿Y si lo quisiéramos con todas nuestras fuerzas, pero no tuviéramos esa capacidad necesaria para conseguir lo que queremos? Entonces... sólo queda tener el doble de voluntad y el triple de esfuerzo para suplir lo que nos falta. Algunos se apañan bastante bien:


Después de esto dices completamente convencido que querer es poder.
Pero también hace falta algo más... El esfuerzo.

viernes, 11 de marzo de 2011

11-M

Hoy, tras muchas experiencias muy buenas (entre las que se incluye un inolvidable viaje a París) y otras tantas no tan buenas (que son propiedad privada), vuelvo a escribir una entrada. Pero no voy a hablar de ninguna de esas experiencias. Aunque me encantaría contar todos y cada uno de los detalles de mi breve estancia francesa, y me gustaría poder desahogarme escribiendo sobre mis sentimientos recientes, hoy hay una cosa más importante sobre la que hablar.
Y es que hoy, 11 de marzo de 2011, hace siete años del atentado ocurrido en la estación de Atocha de Madrid. Un atentado que costó la vida a más de doscientas personas y bastantes más heridos y afectados. Una catástrofe para nada natural que sobrecogió a toda España. Y hoy, siete años después de tal tragedia, sigue sin saberse nada de los culpables.
Yo no digo quién fue, pues aunque tengo mis ideas propias, realmente solo sé que no sé nada, como dijo el filósofo Sócrates. Pero lo que me parece increíble es que aún no se tenga la más mínima pista útil sobre la que investigar. ¿Acaso es que hemos dado con los terroristas más listos del mundo? ¿O es que este era el plan perfecto y nunca podrá llegar a ser descubierto? No sé como pensaréis vosotros, pero yo creo que los hombres que pusieron aquellas bombas, por muy inteligentes que fueran, seguían siendo humanos, y todos los humanos cometen errores. Pero bueno, quién sabe, quizá quien maquinó y llevó a cabo todo el plan fue el mismísimo Terminator, una máquina perfecta y, por lo tanto, sin márgen de error. He de reconocer que yo no soy la más entendida en este tema, por esto no me pronuncio en una u otra opinión, pero pienso que aquí hay gato encerrado.
Mientras tanto, miles de personas, familiares de los fallecidos y los afectados, siguen esperando justicia. Y yo, muy a pesar, les recomendaría que esperaran sentados.

No nos olvidemos de todos los que se fueron esa mañana del 11 de marzo de 2004, fueron importantes y merecen ser recordados.